Sobre mi

Este “sobre mi“ es en realidad “sobre una parte de mi”, y el porqué de este blog para una novela.

Mi nombre es Antonio Peñalver, me gusta que me digan Tony, siempre me sonó mejor que Antonio. En realidad nunca me gustó mi nombre, pero no por nada, simplemente creo que los nombres de ahora suenan más cool; Khalani, Kylian, Yerai…

Yo soy de otra generación, antes éramos Manolo, Juan, Antonio…

Actualmente tengo 43 años, nací en el 75.

Bill Gates acababa de fundar Microsoft, en ese mismo año surgió la Primera computadora personal mercadeada a gran escala por primera vez el LiquidCristal display. Y el primer procesador de palabras. El mundo iba a sufrir un cambio de paradigma desde ese mismo momento y yo iba a ser testigo de ello.

¿Qué ilusión, no?

También en 1975 se revela el plan secreto, puesto en marcha cien años atrás con Madame Blavatsky y la sociedad Teosofíca a través de la literatura, el cine, la música, la televisión y la radio.

Yo tuve la suerte de estar anclado entre las dos épocas, pre y post ordenadores, en ese marco temporal los libros aún jugaban un papel fundamental y me encantaban desde muy pequeño.

Siempre me han gustado los libros, tuve esa suerte, sobre todo de filosofía y leer sobre temas que desconocía, recuerdo que mi plan era que a base de leerlos muchas veces mi cabeza ya iría entendiendo… pero no sucedía como yo planeaba.

Mi padre tenía una estantería plagada de libros, algunos eran de ficción pero la gran mayoría eran de un tema que estaba muy de moda en los 70.

Estalla el boom de artistas y escritores esotéricos como Richard Bach, Carlos Castaneda, J.J. Benítez, Erich von Daniken, etc. Todo pseudo ciencia que formaba parte del movimiento New Age.

Me dio por leerlos todos…

Mi padre encendió en mi la llama por la curiosidad sobre los libros en general, y ese fue su mejor regalo.

Él decía que su abuelo era masón y me contaba historias de los masones y de sociedades secretas que controlaban el mundo.

¿Qué loco estaba, no?… sociedades secretas que controlan el mundo…

Yo me dediqué en mi adolescencia a leer Budismo, Zen, Tao, filosofía oriental, todo lo que escribió Nietzsche. También me dediqué a tocar la flauta y la guitarra en las montañas y a recorrerme el mundo haciendo escalada, esquí, surf… todo aquello que me estimulara la glándula que segregaba la adrenalina.

Muchos dicen que desperdicié el tiempo, yo no estudié ninguna carrera. Me dediqué a vivir y trabajaba en cualquier lugar que me diese el dinero suficiente para seguir mis aventuras en los reinos mágicos de la naturaleza. Si miro atrás me contemplo como alguien a quien admirar. Pero el yo de aquella época tenía un miedo muy profundo al futuro.

¿A qué me iba a dedicar si no estaba haciendo nada de provecho para el sistema?

Mientras crecía observaba el entorno y los acontecimientos que sucedían a nivel global, siempre con la visión que mi padre me había otorgado desde tan pequeño. Mi padre me sacó de la Caverna de Platón demasiado pronto, siempre dije eso.

El 11 de septiembre entendí que la cosa era mas seria de lo que siempre imaginé, ese día marcó un antes y un después en mi compromiso conmigo mismo y con hacer algo para frenar la oscuridad, aportar mi granito de arena.

Recuerdo que mi padre me dio un grito desde el salón, yo estaba comiéndome un bocadillo mientras veía la tele en mi cuarto, estaba perplejo viendo como el avión se estrellaba contra la torre mientras mi padre gritaba… ¡¡¡Mira, lo están haciendo, las torres, han tirado las dos, han sido ellos mismos!!!

No podía salir de mi asombro, pegué un salto de la silla y salí corriendo hacia el salón, mi padre me miró muy serio y me dijo: -Esto va sobre el petróleo, solo tienes que seguir el dinero, las torres las esta tirando Bush

El sistema no existe, el sistema es la mismísima naturaleza del ser humano proyectada y organizándose…

Los años que vinieron después a mi me tocó la fase de la búsqueda de uno mismo, de encajar en el sistema, sentí la necesidad de emanciparme, al final uno siempre cede y entra por el aro.

Empecé a trabajar en el mundo de la hostelería, seguí con los negocios de mi padre pero los odiaba, aunque logré irme a vivir solo por fin.

Ya tenia 29 años y recuerdo un día que pase por la casa de mis padre y recogí todos los antiguos libros que tenía, apilados en cajas de cartón dentro del armario en un rincón olvidados, los había sustituido todos por libros de pintura y biografía de pintores.

Yo los recordaba perfectamente, eran colecciones completas de libros que hoy en día tendrían mucho valor. Necesitaba buscar información fuera de la red; en internet había mucha desinformación y yo quería contrastar algunas ideas con esos libros antiguos.

Mi padre me dijo:-¿dónde vas con eso? -nada- dije :-voy a empezar a escribir una novela y con tus libros voy a hacer la investigación…

Mi padre me miró negando con la cabeza y me dijo:- eso te va a dejar loco,-mírame a mi- eso es todo mentira, ahí no vas a encontrar nada… y se fue a seguir pintando cuadros…

Yo me quedé decepcionado como siempre, nada de lo que yo hiciese le importaba, tonto de mi que creía que esto si le haría ilusión, que yo me tomase en serio de verdad todo lo que hablamos durante tantos años y me hubiese decidido a escribir una novela sobre ello, qué iluso era. Mi padre había caído en la desidia, tenía una depresión desde hacia años y se veía a sí mismo como un fracasado y lo proyectaba en mi cada vez que hablábamos ese tipo de dinámica. Nos habíamos distanciado desde hacia ya muchos años, habíamos tenido muchos enfrentamientos pero yo era todavía un crío, no había madurado lo suficiente para entender qué era lo que le sucedía, yo le culpaba a él pero me equivocaba.

A él la vida no le había tratado bien, tuvo un final muy triste, si bien cada uno es dueño de su destino él nunca quiso asumirlo…

Yo seguí con mi plan de escribir, me embarqué en el proyecto de buscar la linea de conocimiento oculto en aquellos libros que me llevase a entender todo lo que siempre estuvo buscando primero mi padre y ahora yo.

¿Qué es lo que hay en realidad detrás de las cortinas?, esa fue la pregunta y ahí empecé a escribir mi primera novela. Algún día se la pondría delante a mi padre y le diría… ¿ves, papá?… esto es para lo que sirvieron tus libros…

Pero eso no pudo ser, mi padre murió de cáncer poco tiempo después de empezar yo a escribir la novela, una metástasis fulminante lo consumió en sólo 15 días.

Recuerdo que el último día que me dijo algo coherente (porque el cáncer también le tocó la cabeza), me dijo:

-Eh, Antonio… Hitler...Stalin.… los masones, mmm, Hitler.… – se me quedó mirando con una mirada triste y me dijo: -Trabajar, no vale, trabajar no vale para nada…

Ya, papá, ya lo sé…

Se refería a que se había llevado toda su vida investigando sin encontrar ninguna respuesta sobre Hitler, Stalin, masones… y toda una vida dedicado a unos negocios que ni siquiera le gustaban, para que al final se lo arrebataran, y cayera en esa horrible enfermedad. Toda una vida malgastada en algo que no te gusta para morirte.

Cuando mi padre murió, dejé la hostelería y monté mi propia empresa (Cádiz Surf Center) apostando por lo que siempre quise, hacer algo que me gustara, Creamos el  primer centro de tecnificación de surf de Andalucía justo en medio de la crisis económica mundial.

Actualmente me dedico a entrenar a surfistas para llevarlos a competición, llevamos grupos a hacer surf al paraíso de Maldivas o enseñamos a cualquier persona que quiera aprender a hacer surf de verdad con un programa serio que respalde su evolución.

Ciertamente creo que mi padre en esa última frase quiso decirme eso…. que apostase por mi, que apostase por algo que verdaderamente me hiciera feliz,  fue su forma de reconciliarse conmigo.

Ahora quiero volver a hacerlo, volver a apostar por algo en lo que yo creo, y en lo que me he documentado para sacar una conclusión positiva. Por todo eso le dedico “La función hermética” a mi padre…

Es simple; no esperes a que ocurra, haz que ocurra.

Papá, creo que al final lo entendí…

 

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